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sergiobrau

Saben bien todos ustedes que hay días que es mejor no levantarse de la cama y quedarse oyendo el trinar de los pájaros o aunque sea el camión de la basura. Pero qué cierto es, que la sensación de la noche del sábado era justo la contraria.
Con un 0-3 en contra los más mascullaban entre dientes o ponían el grito en el cielo contra un equipo que se había mostrado impotente -ésta es quizás una de las peores sensaciones que se pueden tener- para detener el orden y también el juego fuerte, rayando la dureza -pero de eso la culpa la tiene sólo la permisividad del árbitro- de Osasuna. Por contra los menos ponían su fe ciega en todo lo habido y por haber: en San Mamés, en la amatxu de Begoña y hastan en San Judas Tadeo, patrón de las causas perdidas.
Y de repente el milagro comenzó a obrarse: dos golazos de Yeste, el primero tras buena jugada de Llorente -que aprendió que no era lo mismo bailar una isa que aguantar el chaparrón de una de esas jotas navarras que tanto le gustan al que ha montado este invento- hicieron despetar al respetable -por cierto, si es respetable debería poder echar de una vez a los irrespetuoso que confunden churras con merinas y escupen al entrenador visitante-.
El empate obra de Tiko desató la locura en San Mamés, un Tiko al que muchos niegan el pan y la sal y que todavía deberá seguir aportando más cosas para volver por sus fueros como hace un par de temporadas.
Y está claro que de la locura al delirio sólo quedaba un paso, y ese paso lo dio un corazón de león, un jugador que ha sido y sigue siendo historia en el Athletic -no me duele prendas decirlo-, un jugador que hizo lo que tenía que hacer: meterla pa' dentro. Lo que vino después es inenarrable: sólo quien ha estado en San Mamés en una de sus tardes mágicas puede contarlo. Hacía tiempo que no se vivía algo semejante, quizás desde las semifinales de Copa contra el Real Madrid hace tres años, y el público bilbaíno que es uno de los más agradecidos con su equipo supo agradecerlo.
Me alegré en el alma de que marcara Guerrero, pero como me habría alegrado si lo hubiera hecho cualquier otro -supongo que tiempo habrá para hablar sobre la perla jarrillera en este foro- porquelo más importante es la zamarra rojiblanca, la nuestra, la de todos los aficionados del Athletic.
Bueno, lo reconozco, quizás sólo me habría alegrado un poco más si hubiese sido un gol de ese amigo que tienen el ministro ruso este -Sibiliski, Prosineski, algo así se llama- y alguno que otro de mirada distraída

El irunés escéptico
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