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sergiobrau

Nacional de Alicante: día tercero

Amanece el lunes y es el día de la gloria o el fracaso.

Sinceramente no estoy nada nervioso.

Desayunamos con la maleta hecha y nos vamos en las furgonetas al campo.

Madrid y Murcia llevan ya un rato jugando pero nadie pregunta como van.

Mientras algunos se ponen las espinilleras, (yo soy como Camacho), me embadurno en crema protectora.

Otra vez el vamos que podemos y el tapar a Adolfo.

Otro calentamiento más, y otro gusanillo en el estómago. El Niño es quien más anima, quien más cree.

Marcelo sé que cree también, pero nunca o casi nunca le escuchas decir nada, aun así le admiro porque siempre habla en el campo.

Justo antes de empezar, siento que necesito animar y motivar a Alferedo de alguna manera:

“Forlán, en un rato quiero llamar a mi madre y decirle que soy campeón de España ¿ok?”

Nos abrazamos fuerte, lo noto metido, motivado y eso me tranquiliza.

Empieza el partido y ¡oh sorpresa! Adolfo juega atrás en lugar de en el ala, y poco menos que Sevilla juega un 3-1.

Adolfo cae a la izquierda, pero casi nunca sube: Sevilla ha planteado el partido al empate a cero, buscando alguna contra o un córner donde Adolfo sí sube, y que no creemos jugadas, que ni siquiera tiremos.

El Niño es frenado por José Manuel en un penalti y manda un doble al palo. La primera parte pasa sin sustos en nuestra puerta, pero con pocos en la suya.

Nos quedan 25 minutos, tiempo de sobra para hacer un gol.

En la segunda parte jugamos algo mejor: Jose le saca un par de ocasiones buenas a los nuestros, el  tiempo avanza y de momento, Sevilla se sale con la suya.

Adolfo comete su cuarta falta, y poco después tiene que salir por un golpe.

Dominamos totalmente en ese momento, y justo cuando entra de nuevo Adolfo…

No recuerdo la jugada, nuestro banco estaba el más alejado a la portería de Sevilla y yo para colmo era el más alejado de todos.

A Urbano le habían expulsado del banquillo y el Gato hacía las labores del entrenador.

Oímos la pelota muy alejada, seguro muy cerca de la portería de Sevilla.

Yo no lo sabía, pero el balón rodaba, estaba en 4 metros… en tres… en 2… Estaba a punto de ser dominio del arrquero pero el Niño metió la pierna antes de que el balón entrara en área de portería.

Oímos desde el banquillo el grito ronco pero potente de Jordi: ¡gol!

Y aquello fue una fiesta.

Miguel aplastó al Gato que no hacía más que gritar ¡gol carajo! Hasta que su garganta no daba más.

Forlán, Rosado Zule y el Niño vinieron al banco y no había forma de que pararan de gritar.

Yo me desgañité diciendo que quedaban 6  minutos, que había que seguir igual, que ojo, que atentos, que no la podíamos cagar, pero creo que nadie me escuchó.

Los 6 minutos pasaron rápido para mí, hubo un tiempo muerto pedido por el Gato, parones en los 2 últimos minutos, pero el agudo silbato del mesa sonó, y cuando acabó el tercer pitidoo, ya estábamos  gritando ¡campeones campeones! En el banquillo.

Saltamos a la pista y lo volvimos a cantar, todos juntos abrazados.

Los que podían del equipo de Sevilla nos felicitaron, y también un gran tipo como es Carmelo se metió en la pista para hacerlo.

Escucho como alguien consuela a alguien, posteriormente me enteraré, que quien llora amargamente es Aurelio, El Bares, que no puede ocultar su pena.

En ese momento, mientras todos son felicitados y abrazados, me aparto un poco, y pienso cómo hubiera sido la cosa si nosotros no hubiéramos ganado, y qué derecho tengo yo a festejar cuando otros están jodidos.

Me acuerdo de mi gente, de todos los que hubieran podido estar, de los que están muy lejos de Alicante o de los que están ahí arriba, a esos seguro se les está cayendo la baba.

Carmen estará llorando, Ramón, sacando pecho y diciendo “ese 6 es nieto mío.”

José estaría repitiendo cada poco el grito del gol, y María estaría riendo con su risa cantarina.

Me pongo el antifaz para que nadie me vea llorar otra vez, como hace un añoo en Sevilla.

Volvemos a juntarnos para cantar, y no sé de donde sale la idea nii quien lo dice, pero contesto que no, que no tienen cojones a mantearme.

Cuando me agarran de brazos y piernas sigo pensando que es un farol, pero cuando empiezo a perder contacto con el suelo, me da que ya no hay farol: ¡me están manteando cojones!

Llega la entrega de trofeos, que no califico.

Es cutre, barriobajera, en la pista, sin micro, sin nada. Pero me da igual.

Marcelito recoge la Copa de Campeones de Liga y a los pocos segundos, ya está en mis manos.

Parece que nadie la quiere así que me la quedo y no la suelto.

Es un gran balón de fútbol, que esta vez no se ha roto, como dicen que pasó con la de hace dos años.

Mientras anuncian el trofeo, pregunto en voz alta si está rota, o si por el contrario sigue entera.

Van dando los demás premios pero yo, sigo con la Copa en la mano, la levanto, la aprieto contra mí.

Nos toca el turno de recoger el Campeonato de España, y todos salimos a por la medalla.

Llevo la Copa levantada y tras imponerme la medalla, nos hacemos la foto.

Cuando acabamos, bajo la Copa pero la base, impacta con la cabeza peluda de Zule: ¡menuda ostia le pegué!

AAl final, la Copa sale de mis manos porque nos hacemos una foto con las dos Copas en  el suelo.

Cuando vamos al vestuario, A Alfredo y Marcelo unos niños les piden la Copa de regalo y yo me rio por dentro.

En el vestuario empiezan los cantos y las duchas.

Curiosamente, al gran capitán alguien le quita la toalla y es muy gracioso como la pide sin descanso.

Al final consigue secarse.

Estamos medio afónicos de gritar, pero durante todo el camino en la furgoneta lo hacemos.

Álvaro y Urbano hacen sonar las bocinas. En la furgo donde van casi todos suena a tope el himno del Málaga: “Málaga la Bombonera…”.

En la nuestra, GIaco y yo no paramos de cantar el ¡Dale campeón! Y yo lo hago sacando la cabeza por la ventanilla.

Formamos un trenecito al llegar al hotel y cantamos los hits de la jornada mientras entramos al comedor.

Tras la comida, una buena charla en los sofás.

Junto al Niño repasamos el partido y nuestras andanzas en el Hattirck, y se acerca la hora de irme.

No tengo ninguna gana de hacerlo, aunque a eso de las 11 ya estaré en mi casa, pero me vuelve a costar alejarme de mi familia, de todo ese grupo de cracks desde el primero al último.

Durante la comida Urbano se ha disculpado conmigo, pero le explico que no tiene porqué hacerlo.

Sé perfectamente cual es mi rol, en qué lugar estoy y cuál es mi sitio, por eso, no me importa demasiado.

Me meto en el taxi con la medalla de campeón al cuello.

Al entrar a la estación, escucho que el tren va con mucho retraso y que hay que tomar autobuses en no sé donde.

Finalmente el tren no sale, se ha caído un puente en Aranjuez y nos van a llevar en bus.

Eso significa que no llego a Madrid a tiempo para tomar el AVE a Zaragoza, y que tendré que hacer noche en la capital.

Pero todo me da igual. La gente a mi alrededor rabia, protesta, se enfada pero yo paso. Soy feliz, eternamente feliz con mi medalla colgada al cuello, y no hay nada que me haga cambiar de humor.

  

Ha pasado casi una semana y sigo exactamente igual que en aquella estación de tren, feliz, contento, insultantemente alegre.

No se me quita de la cabeza el ¡dale campeón! Y a veces tengo que gritarlo para que me deje de repiquetear en la cabeza.

Estoy terminando de escribir y mi madre irrumpe en la habitación furiosa:

¿Tu has pedido una pizza?

No, yo no.

Bajo a la calle y el motero dice que lleva una cuatro quesos:

¡Joder, esa pizza es del Giacco! Pues ya se ha ido a Roma, así que espabila chaval, si has llegado a Huesca desde Alicante, iguall puedes llegar a roma.

De paso, por el camino de vuelta, te coges otra y se la llevas al Wiwi, ¡pero sin queso ¿eh?! ¡Una cuatro quesos sin queso!

¡Dale campeón!

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4 comentarios

Anónimo -

acabo de ver tu diario sobre el nacional de alicante,mientras me preparo la maleta para salir camino de madrid para jugar mañana.me ha encantado un saludo de cesar y nos vemos en el nacional de valladolid.

Gloria -

me encantó que compartieras tus sentimientos acá. me gustó como escribes y describes.

un abrazo,

Un fato en Chepalandia -

Qué grande cabrón y qué bien lo cuentas. Saludos cordiales y...cuidadín con la cartera. jejeje.

Jara -

Felicidades! Ya te lo dije el otro dia, pero lo dejo aqui también. Me alegro mucho, aunque me prometiste que me llevarias a algún partido y no ha sido así, pero bueno, otra vez será.
Besicos de la tata
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