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sergiobrau

Lo suscribo al cien por cien.

El hachazo El linchamiento Unai Larrea LO FÁCIL en estos momentos sería hacer leña del árbol caído, dejarse llevar por la corriente y sumarse al ejército de personas deseosas de proceder al linchamiento deportivo-periodístico de Iban Mayo. Si es eso lo que se espera de esta columna, es mejor que no pierdan el tiempo: no pasen de esta línea. No había más que ver su cara al llegar a un hotel de Vielha para tener muy presente que si alguien sufrió en el día de ayer, si alguien lo pasó mal, si alguien tenía ganas de que se lo tragara la tierra, si alguien exigía y no encontraba una explicación a todo lo ocurrido era Iban Mayo. Los demás podremos sentirnos defraudados, decepcionados, engañados o estafados, como guste, pero peor que el corredor no lo pasó ayer nadie. Ni siquiera un Miguel Madariaga cuya cara, y con razón, también era todo un poema. MAYO SE EQUIVOCÓ ayer. No me refiero a su decisión de abandonar el Tour, pues aún no disponemos de la información necesaria para juzgarla. Se equivocó, y gravemente, en las formas. Por mucho que la sangre le hirviera al ver cómo el cámara de la televisión francesa se recreaba en su sufrimiento, mantener la compostura va en el sueldo del ciclista, pues ésa es la misma cámara ante la que uno alza los brazos en una línea de meta. Tampoco estuvo acertado a la hora de abandonar el hotel del equipo sin aclarar a sus superiores ni a la prensa los motivos de su retirada. Pero, si por eso hay que lincharle, qué no habría que hacer con otros deportistas, políticos, periodistas... IBAN MAYO es una persona con un carácter especial, complicado. Desconfía de la gente porque habitualmente la gente le ha dado la espalda cuando le han venido mal dadas. Le ocurrió en juveniles y dos veces en aficionados, cuando sufrió un grave accidente de tráfico y cuando nadie quería pasarle a profesionales. Es cierto que su abandono supone una enorme decepción para todos. Y que Mayo nos decepciona más que nadie porque también él nos ha hecho vibrar más que nadie, y porque disfrutamos con su ciclismo, el ciclismo de ataque. Si lo que queremos es volver a ponernos en pie con uno de sus ataques, mal haremos si también ahora le damos la espalda. Eso sí, Iban nos debe una explicación. Nos la merecemos, del mismo modo que él se merece un poco de cariño.
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