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Mendilibar en Deia.

A corazón abierto

José Luis Mendilibar El entrenador del Athletic, que ya mira al duelo ante el Getafe del domingo, descubre su parte más personal

Igor Camaño Bilbao

LOS EXPERTOS en salud recomiendan no llevarse el trabajo a casa. A José Luis Mendilibar (Zaldibar, 44 años) todavía le tienen que convencer. Sale del vestuario
con una carpeta y una caja de Frenadol. Bajo el brazo lleva material para preparar los entrenamientos de la semana («Lo hago en un momento»). No, el Frenadol
no es para los entrenamientos. Los sobres intentan cortar un constipado que sus enes delatan; el aire acondicionado da algo más que frío. Suma 74 días
al frente del Athletic. 74 días de fútbol. Hoy es distinto. Hoy habla de él. Mendilibar no tiene ningún problema en descubrir a José Luis.

¿Le ha cambiado la vida desde que entrena al Athletic?

La vida me cambia si salgo de Zaldibar. Allí soy uno más, el mismo de siempre. Hombre, los críos del pueblo me miran más, pero sólo eso. Sigo saliendo a
tomarme unas cervezas con la cuadrilla, con mi familia, vendré a ver al Bilbao Athletic, me sentaré en la grada y seré uno más... No me tiene por qué cambiar.
Hombre, sé que tendré que ir a más actos, porque ser el entrenador del Athletic es algo más que lo deportivo.

¿Por eso lleva traje en los partidos?

La verdad es que cuando probamos el traje ya les dije: ‘‘cagüen diez’’, pero si este traje es para las bodas y las grandes ocasiones, no para sudarlo en
el banquillo... Me veo raro, pero lo llevo bien. Parece que hay que hacerlo porque en Primera se lleva esto y bueno, estoy cómodo, la verdad.

Cómodo estará viajando en avión, no las palizas de autobús que se metían en Segunda División.

Es lo bueno que tiene entrenar a este nivel: pides y se te da. Aquí están esperando a que pidas para dártelo. Llegas y sólo piensas en cómo te recibirá
la gente que lleva muchos años en el club. No sólo nos han recibido muy bien, sino que encima te ven como el jefe, como el que manda.

¿Usted no se ve como el jefe?

No, porque lo hacemos todo de forma consensuada. Sé, y lo he entendido con el paso del tiempo, que si las cosas no van bien es a mí a quien darán puerta.
Aunque por eso tenga que llevar el ‘‘uno’’, me veo como uno más.

¿Qué tal llevará su familia esta vorágine que acarrea su cargo?

Pienso que lo va a admitir bien. Los críos están como locos de que su aita sea el entrenador del Athletic. Sobre todo los dos pequeños; el mayor, que tiene
21 años, parece que se avergüenza. Cosas de la edad. Si a mí no me cambia la vida, a mi mujer tampoco le tiene por qué cambiar.

¿Alguno le pega al balón?

El mayor le pegaba; ahora le pega al bajo (Mendi hace el gesto con la mano de tocar la guitarra). El pequeño juega en el cadete del pueblo.

No siga: será el típico aita metete que abrasa al hijo a órdenes.

Para nada. Siempre que puedo voy a verle, pero nunca me meto en la parcela de su entrenador. En un momento dado, si pasa por la banda y estoy allí, le animo.
Pero nunca le digo: Jon, haz esto o haz lo otro. De verdad. Ahí están los entrenadores que ha tenido para ratificarlo.

Ahí, con el hijo dentro, sí que se pasa mal, ¿verdad?

Yo no. Si se divierte con el fútbol a mí ya me vale. Después, si tiene que salir, saldrá. Pero es muy difícil. Sé que va a gusto a entrenar dos días a la
semana y punto. Cuando se canse lo dejará y a otra cosa. No tengo ningún ánimo de que mi hijo sea tal o sea cuál. De verdad.

Ahora que tiene al míster del Athletic en casa, ¿seguro que le pedirá algún consejo?

El ‘‘artista’’ de él ve mejor el fútbol desde fuera que desde dentro. Cuando juega tu equipo te dice cosas y te lee la cartilla. Qué cómo has puesto a ése
ahí, que cómo has hecho eso... Le suelo contestar: a ver si eso que dices lo haces tú en el campo.

A Ernesto Valverde le gustaba la fotografía. Aparte del fútbol, ¿qué aficiones tiene Mendilibar?

Leo bastante. Soy socio del Círculo de Lectores desde que tenía catorce años y me encanta leer. ¿Qué? Novela. Entretenimiento. No me rompo la cabeza. No
quiero leer nada que me cueste entender. Me gusta Pérez Reverte, pero su último libro, ‘‘La batalla de Trafalgar’’, no me ha enganchado mucho. Mira que
las de Alatriste son entretenidas, pero ésta de Trafalgar me está costando bastante. También me gusta jugar a pala en el frontón. Pero bueno, ahora me
he ‘‘amariconado’’ un poquitín y le doy al frontenis, al pádel y a esas cosas. Será cuestión de los años. Me gusta mucho hacer deporte, pero lo que más
me apetece es estar con mi mujer y con mis hijos.

¿Qué música lleva en el coche?

No soy un forofogoitia de nadie pero siempre llevo algo puesto. Me gusta Bruce Springsteen, el rock... pero también me he ablandado con la música: veo "Operación
Triunfo" con mi hija Jaione y también me engancha. En fin...

Internet, el ‘‘puntocom’’ y todas esas cosas digitales, ¿qué?

De eso, poco. Tengo correo electrónico pero te juro que no podría decirte cuál es. No lo he utilizado nunca. Los críos andan con esas historias. Para las
nuevas tecnologías soy bastante zote. Y me tengo que poner, eh, porque en Lezama tenemos el programa Amisco (analiza entrenamientos y partidos de fútbol)
y le tenemos que sacar partido. Parece que ahora queda bonito decir que dominas esas cosas, pero como soy un zote no puedo hacer nada más.

¿Le interesa la política?

Sí. Para mí. Pero en fin...

¿?

Pues eso, que votas, vuelves a ir a votar... Pero al final te das cuenta de que sólo se cumple el quince por ciento de lo que se promete en las campañas.
Yo soy muy de aquí y siempre votaré a partidos de aquí. Eso no quiere decir que sea siempre lo mejor.

¿Usted, como tantos, también está defraudado con la política?

Sí, pero es lo mismo que me pueden decir a mí dentro de dos meses todos los aficionados del Athletic: éste parecía que iba a hacer maravillas y ahora estamos
de la mitad de la tabla para abajo sin ilusión de nada. Así que no voy a criticar mucho a los demás, por si acaso.

En Primera se gana bien. ¿Qué planes de futuro tiene para los ahorros? ¿Algún sueño confesable?

Mira, hasta ahora he ganado el dinero justo para vivir. Y ha habido momentos en los que he estado jodido. Hasta ahora, como futbolista y como entrenador
he sido de clase baja, al menos económicamente hablando. He vivido bien pero sin derroches. Y ahora, tampoco. Llevo mes y pico y no me ha llegado ninguna
palada de nada. En ese aspecto soy nuevo. Aunque ahora mismo estoy contento con el piso en el que vivo en Zaldibar, tarde o temprano habrá que hacer algo
porque hay que invertir el dinero. No puedes tenerlo debajo del ladrillo.

¿Ha trabajado en otro sitio que no sea el fútbol?

No. Soy profesional desde que jugué en el Bilbao Athletic, pero sí tuve un momento de duda. Fue entre mi último año de futbolista en el Lemona y mis dos
primeros en el Arratia. Los ingresos no daban y le pedí un trabajo a mi cuñado, que antes que cuñado era amigo mío. No me lo dio y ahora puedo decir que
tuvo razón. Claro, yo quería trabajar pero también quería mis horas para ir a entrenar. Y todo no podía ser.

¿Ha tenido algún ídolo?

De chaval, cuando quería llegar al primer equipo, me gustaba Cruyff. No llegué y, mira, es el mal sabor de boca que tengo: no saber si hubiera valido o
no para Primera. Hombre, si no he llegado será que no valía. A ver si me puedo quitar ese regusto amargo como entrenador y puedo estar unos cuantos años
en Primera y en el Athletic.

En los banquillos, ¿hay algún técnico al que quisiera parecerse?

Ahí sí he tenido suerte. Desde que empecé a entrenar con quince años en los juveniles de la Cultu tuve un entrenador muy bueno, Josean Motriko. Aprendí
mucho con él. Después estuve con Clemente, con Jabo Irureta, con Blas Ziarreta... He tenido entrenadores muy buenos. Sobre todo con Jabo, en el Sestao,
cogí mucho de él. Eran sus comienzos como entrenador y aquellos tres años que pasé con él me han marcado. Tengo bastante de aquello, pienso yo.

¿Quién ha sido el futbolista más grande del Athletic?

Ahora que vivo el club desde dentro, desde muy dentro, compruebo que al Txopo se le tiene un respeto enorme. Vas por ahí y la gente le idolatra. Y luego
él es una persona súper normal, muy afable, muy agradable. Al Txopo hay que hacerle una reverencia.

Ya que este verano sólo ha tenido cuatro días de vacaciones, seguro que el próximo se desquitará.

¡Qué va! Tenemos un piso en Laredo y tanto a mis hijos como a mi mujer y a mí nos encanta. He hecho un buen año y nos hemos dado unos paseos por la playa
impresionantes. Después te tomas una cerveza en una terracita y cumples el día. Sí tengo una espina clavada: el año que viene me gustaría ir quince días
a Lanzarote a visitar a los amigos de allí. Pero a estar tranquilo con ellos. Sin más. No somos de grandes viajes.
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